Una lección del tenis que tardé años en entender
Recuerdo cuando tenía 10 años y jugaba en una academia formada por la APT. El tenis se convirtió en una gran pasión: entrenaba a diario varias horas y, en casa, seguía practicando con mi pelota de esponja contra la pared 😁
Jugábamos torneos internos con otras compañeras de la misma academia, y solía ganar. Mi habilidad no estaba tanto en pegarle fuerte a la pelota, sino en la resistencia.
Pero llegó un día en el que perdí. Perdí la final de uno de los torneos internos. Bajón. Al terminar el partido, lloré. En ese momento se acercó el entrenador, el Prof. Luis Villalba, y me dijo algo así: que perder también era parte de la experiencia de jugar, y que era bueno que eso también pasara.
Después de muchos años, creo que puedo comprender aún más sus palabras y esa experiencia. A veces no nos damos la oportunidad de equivocarnos, de fallar; o cuando pasa, nos juzgamos de la peor manera. Olvidamos nuestra naturaleza humana, porque sí: es parte de nuestra naturaleza un cierto margen de error. Equivocarnos es parte del proceso de aprender. Aprendemos cuando practicamos, cuando vencemos el miedo a equivocarnos.
Los fracasos y las frustraciones son parte de la experiencia de la vida. Al integrarlos y dejar de evitarlos, podemos disfrutar aún más del proceso. Calibramos lo que es necesario ajustar, valorando nuestro esfuerzo, celebrando no solo el éxito final sino también los pequeños logros que vamos alcanzando rumbo a la meta.
¡Lo importante es no parar y seguir siempre en movimiento!


